¿Qué plantas podemos encontrar en el Ejido?

El Ejido es un humedal degradado, por lo cual muchas especies botánicas endémicas se han perdido y otras han reducido grandemente su población, debido a la invasión de plantas más fuertes, como la totora, que les han ido ganando espacio a las especies menos resistentes.

Actualmente en el Ejido no se encuentran especies arbustivas, la vegetación está dominada por plantas de herbazal, unas erguidas, acuáticas y enraizadas como los juncos y la totora y otras bajas como la espiguilla y el canes (una variedad endémica de stipa), a más de musgos y líquenes, así como las almohadillas que crecen tanto en el suelo húmedo, como en los charcos pantanosos. Algunas son plantas perennes, aunque también hay vegetación no persistente (se considera vegetación persistente a las plantas que permanecen erguidas al menos hasta la próxima temporada de crecimiento) por ejemplo la ya mencionada Totora que tiende a cubrir las superficies húmedas, en las cuales se ha roto el equilibrio ecológico, alguna variedad de junco que también, como la totora, purifica el agua, dado que en el Ejido no se observa acumulación de turba.

¿Existe una fauna propia del humedal?

Sin duda, en el humedal existieron y existen organismos adaptados a las condiciones húmedas, como preñadillas (Astroblepus ubidiai), especie de pez en peligro crítico de extinción; jambatos (Atelopus ignescens), especie de anfibio endémica del Ecuador, que se considera volvió de la extinción y se está intentando proteger. Además, el humedal contiene reptiles (lagartijas), pequeños caracoles planos que también son endémicos y muchas especies de organismos invertebrados que descomponen y simplifican la materia orgánica y que los entomólogos podrían estudiar, inclusive hay algunos de estos organismos (insectos) que se consumen cómo alimento. Este es un campo casi virgen en el Ecuador, donde hay muy contados estudios sobre los humedales de la Sierra y menos estudios sobre la fauna de los acuíferos de agua dulce.

Una historia (aproximada) del Ejido

El Ejido tiene historia y, aunque para conocerla con precisión habría que recurrir a los archivos, lo más probable es que hace más de 500 años (antes de la invasión española), ese sitio fuese un gran lago que abarcaba no solo lo que es el humedal, sino también los espacios de terreno que hoy ocupan el aeropuerto y el estadio que, no sin razón, se llama La Cocha (es decir “el lago”).

Cuando se fundó la villa de Tacunga o poco tiempo después, la administración colonial debe haber establecido un ejido (porción de tierra de uso público que no se labra y que permite repartir equitativamente el pasto o pastorear los ganados) de la misma forma que en las villas españolas, en las que el ejido estaba administrado por el cabildo. Después de la independencia, en 1860, cinco comunas de la periferia de Latacunga recibieron en donación el ejido, a través del testamento del Sr. Miguel de Cherac, quien a su vez había heredado una donación de tierras hecha por la corona española a su familia y que incluía el ejido. Las comunas beneficiarias fueron: San José de Isimbo, Cusinchisí, Colatoa, Chaguana y San Buena Ventura, las cuales hasta hoy conservan la propiedad de este humedal. 

El siglo pasado, en la década de los años 20, las comunas mencionadas vendieron a la Dirección de Aviación Civil, aproximadamente el 50% del humedal, ubicado en la parte occidental, ese espacio fue drenado y apisonado y allí se construyó la Pista de Aterrizaje de Latacunga, (más tarde sería la base aérea, hasta que en el año 2009 se le habilitó como el Aeropuerto Internacional Cotopaxi) este fue uno de los primeros recortes que sufrió el humedal.

En 1937 el Estado ecuatoriano promulga la Ley de Comunas, y bajo esta ley se reafirma la posesión del humedal/Ejido como tierra comunal … aunque bajo la tutela del Estado y así permaneces hasta 1989, año en que la Constitución Política enuncia, en su artículo 84. Como un derecho de las comunas: “2. Conservar la propiedad imprescriptible de las tierras comunitarias, que serán inalienables, inembargables e indivisibles, salvo la facultad del Estado para declarar su utilidad pública. Estas tierras estarán exentas del pago del impuesto predial. 3. Mantener la posesión ancestral de las tierras comunitarias y a obtener su adjudicación gratuita, conforme a la ley. 4. Participar en el uso, usufructo, administración y conservación de los recursos naturales renovables que se hallen en sus tierras.

A pesar de esta declaración jurídica y a pesar de los esfuerzos de los comuneros, el humedal siguió siendo recortado, principalmente por la invasión de personas que se fueron asentando a su alrededor, cavaron zanjas para drenar el agua e implantaron cultivos, primero, y luego, casas. Pero también el humedal ha sido recortado por el municipio que, sin declaratoria de utilidad pública, ha abierto caminos, calles, etc.

¿Qué recursos del humedal se han perdido?

A grandes rasgos, las pérdidas más visibles son:

  • El espacio que se ha reducido en aproximadamente un 70%.
  • Un manantial de agua, de los dos que fluían en el humedal.
  • Las pozas de agua fría y templada, que se usaban como piscinas.
  • Una corriente de agua de las dos que alimentaban el pantano.
  • La población de dos especies endémicas:  las preñadillas y los jambatos.
  • Las aves silvestres migratorias que poblaban el humedal por temporadas.
  • Los patos.
  • Innumerables especies de organismos invertebrados.
  • Plantas acuáticas, de las cuales no queda ni el recuerdo.
  • La capacidad de regulación climática que se ha reducido, con todas las pérdidas aquí mencionadas.

¿Qué se podría hacer para preservar el humedal?

La primera condición sería contar con la decisión de las comunas dueñas del Ejido de salvar el humedal. Sobre esta base la ciudadanía podría sumarse a la iniciativa, para iniciar un proceso de planificación integral que abarque los siguientes pasos:

  1. Definir con claridad el destino que deberá tener el humedal: área destinada al turismo, área protegida o un destino mixto área de turismo científico / educativo y de educación ambiental.
  2. Dirimir conflictos de intereses
  3. Conseguir recursos para un estudio previo
  4. Determinar los factores que afectan o pueden afectar a las distintas características del sitio, incluidas sus funciones.
  5. Diseñar un plan de manejo que responda a las necesidades señaladas por el estudio, incluidas la zonificación y la recuperación, si fueran necesarias.
  6. Conseguir recursos para poner ese plan de manejo en práctica.
  7. Hacer posible la comunicación en el sitio y con las comunas y los interesados directos.
  8. Brindar orientaciones a la ciudadanía y a todos los involucrados, sobre la zonificación y el principio de precaución.
  9. Ejecutar las acciones de manejo y recuperación
  10. Asegurar el cumplimiento de las políticas locales, nacionales e internacionales.
  11. Mantener un plan de manejo efectivo.